Catfish
Henry Joost, Ariel Schulman
WAU.
Agarré uno de los episodios que se transmiten en MTV del mismo nombre, y a pesar de
los comerciales cada año más bizarros que me hicieron recordar por qué dejé de
ver ese canal, quedé pegadísima a la tele esperando conocer al verdadero hombre
que estaba detrás de un tal modelo de LA que había enamorado a una blonda
norteamericana por correo, Facebook, teléfono y todo lo que a comunicación se
refiere, sin tener claro, que verse las caras.
Y resultó ser que una mujer oriunda de una pequeña ciudad estadounidense
que fue victima de bullyng en su época escolar, estaba buscando venganza
burlándose de jóvenes a quien enamoraba con fotos en su perfil de Facebook y
palabras interminablemente románticas … y sexys.
Comprenderán que, después de ver el capítulo, mis ganas de ver el documental que llevó al
conductor del show a hacer el programa se hicieron inmensas. Yaniv Schulman es el conductor del
reality que busca hacer caer en la cuenta a los virtualmente enamorados, que
podrían estar siendo engañados como lo fue él.
Siendo
el hermano de un realizador cinematográfico, Yaniv decide (sin tomarlo muy enserio) ser parte del
proyecto de Ariel y Henry. Todo comienza dulcemente cuando Yaniv, un joven y
extremadamente amoroso fotógrafo, recibe un email de Abby , una pequeña que le
pide permiso para pintar una de sus fotografías. Desde ese momento Yaniv
comienza una relación con la familia de Abby, hablando por teléfono, haciéndose
amigo por Facebook del primo, el hermano, la hermana, la mamá etc… y mandándose
regularmente correspondencia con los cuadros pintados.
Quienes
graban comienzan a llevar la historia hacia la relación de Yaniv con Megan, la
hermana mayor de Abby. La manera en que Yaniv va contando cómo todo sucedió y
sigue pasando, nos hace sentir que somos sus amigos y confía plenamente en
nosotros… y en su enamorada. Nos cuenta mirándonos a los espectadores (en
realidad a sus amigos camarógrafos, pero el espectador puede soñar) su imagen
de la mujer con la que habla, las ilusiones que tiene de ella y cómo ha sentido
evolucionar su sentimiento hacia esa mujer.
Todos
estamos ilusionados y expectantes, aunque sabemos de antemano que no será un
final feliz, quizá hasta esperamos lo peor, llevando el morbo por sobre el
cariño que uno llega a sentir por el ilusionado protagonista de sonrisa perfecta.
Siguiendo
con el tacto delicadísimo en el ambiente de relación de amistad y confianza en la que se
graba toda la historia, entre los realizadores y el protagonista comienzan a
encenderse las dudas frente a una canción cantada por Megan que ella le envía a
Yaniv, que resulta ser sacada de Youtube.
Y es
en ese momento, en que el aparato que los unió, comienza a mostrarle las
verdades y el desamor comienza a brotar. Nos sentimos parte del grupo de
detectives virtuales en que se convierten los tres amigos, y lo afectado que se
ve Yaniv en varios momentos en que no soporta la humillación, la vergüenza y
las ganas de saber la verdad.
El
misterio no se va de nosotros hasta que conocemos la vida de Ángela , la mamá
de Abby… y de Megan. La vida postergada
de Ángela que la lleva a hacer todo lo que produjo. Un confundido aunque nunca
enfadado Yaniv, es quien paradójicamente nos hace sentir que todo está bien, que
el ha comprendido el por qué y nosotros deberíamos también perdonar. Pero en
realidad las palabras no salen de uno hasta después de unos minutos de conocer toda la
verdad sobre la familia de la pequeña Abby, que finalmente poco tiene que ver
en esta historia.
Desde
un comienzo sabemos que Yaniv se verá enfrentado con una verdad dolorosa, pero
la forma en que se toma la historia y el destino lo lleva hacia un punto
totalmente distinto al que inició, es lo que hace fascinante la historia de Catfish. Hay algo que se revuelve en uno al saber el trasfondo de todo, al igual de como sucede viendo los capítulos del programa, pero creo que la película es lo mismo por diez mil.
Los
realizadores son tan parte del documental como lo hacen sentir a uno, y creo
que ese es el punto que hace este documental tan perfecto. Uno olvida las tomas
pensadas por meses de las películas de ficción y perdona totalmente cada pixel
de mas o de menos en esta obra documental que nos entrega una historia tan real
tan sensiblemente contada y nos hace sentir tan cercanos.
No
tengo más que decir que wau. De hecho, creo que aun estoy en shock…