martes, 26 de febrero de 2013

Catfish


Catfish

Henry Joost, Ariel Schulman


WAU.

Agarré uno de los episodios que se transmiten en MTV del mismo nombre, y a pesar de los comerciales cada año más bizarros que me hicieron recordar por qué dejé de ver ese canal, quedé pegadísima a la tele esperando conocer al verdadero hombre que estaba detrás de un tal modelo de LA que había enamorado a una blonda norteamericana por correo, Facebook, teléfono y todo lo que a comunicación se refiere, sin tener claro, que verse las caras.  Y resultó ser que una mujer oriunda de una pequeña ciudad estadounidense que fue victima de bullyng en su época escolar, estaba buscando venganza burlándose de jóvenes a quien enamoraba con fotos en su perfil de Facebook y palabras interminablemente románticas … y sexys.

Comprenderán que, después de ver el capítulo, mis ganas de ver el documental que llevó al conductor del show a hacer el programa se hicieron inmensas. Yaniv Schulman es el conductor del reality que busca hacer caer en la cuenta a los virtualmente enamorados, que podrían estar siendo engañados como lo fue él.

Siendo el hermano de un realizador cinematográfico, Yaniv decide (sin tomarlo muy enserio) ser parte del proyecto de Ariel y Henry. Todo comienza dulcemente cuando Yaniv, un joven y extremadamente amoroso fotógrafo, recibe un email de Abby , una pequeña que le pide permiso para pintar una de sus fotografías. Desde ese momento Yaniv comienza una relación con la familia de Abby, hablando por teléfono, haciéndose amigo por Facebook del primo, el hermano, la hermana, la mamá etc… y mandándose regularmente correspondencia con los cuadros pintados.

Quienes graban comienzan a llevar la historia hacia la relación de Yaniv con Megan, la hermana mayor de Abby. La manera en que Yaniv va contando cómo todo sucedió y sigue pasando, nos hace sentir que somos sus amigos y confía plenamente en nosotros… y en su enamorada. Nos cuenta mirándonos a los espectadores (en realidad a sus amigos camarógrafos, pero el espectador puede soñar) su imagen de la mujer con la que habla, las ilusiones que tiene de ella y cómo ha sentido evolucionar su sentimiento hacia esa mujer.

Todos estamos ilusionados y expectantes, aunque sabemos de antemano que no será un final feliz, quizá hasta esperamos lo peor, llevando el morbo por sobre el cariño que uno llega a sentir por el ilusionado protagonista de sonrisa perfecta.

Siguiendo con el tacto delicadísimo en el ambiente de relación de amistad y confianza en la que se graba toda la historia, entre los realizadores y el protagonista comienzan a encenderse las dudas frente a una canción cantada por Megan que ella le envía a Yaniv, que resulta ser sacada de Youtube.

Y es en ese momento, en que el aparato que los unió, comienza a mostrarle las verdades y el desamor comienza a brotar. Nos sentimos parte del grupo de detectives virtuales en que se convierten los tres amigos, y lo afectado que se ve Yaniv en varios momentos en que no soporta la humillación, la vergüenza y las ganas de saber la verdad.

El misterio no se va de nosotros hasta que conocemos la vida de Ángela , la mamá de Abby… y de Megan.  La vida postergada de Ángela que la lleva a hacer todo lo que produjo. Un confundido aunque nunca enfadado Yaniv, es quien paradójicamente nos hace sentir que todo está bien, que el ha comprendido el por qué y nosotros deberíamos también perdonar. Pero en realidad las palabras no salen de uno hasta después de unos minutos de conocer toda la verdad sobre la familia de la pequeña Abby, que finalmente poco tiene que ver en esta historia.

Desde un comienzo sabemos que Yaniv se verá enfrentado con una verdad dolorosa, pero la forma en que se toma la historia y el destino lo lleva hacia un punto totalmente distinto al que inició, es lo que hace fascinante la historia de Catfish. Hay algo que se revuelve en uno al saber el trasfondo de todo, al igual de como sucede viendo los capítulos del programa, pero creo que la película es lo mismo por diez mil.

Los realizadores son tan parte del documental como lo hacen sentir a uno, y creo que ese es el punto que hace este documental tan perfecto. Uno olvida las tomas pensadas por meses de las películas de ficción y perdona totalmente cada pixel de mas o de menos en esta obra documental que nos entrega una historia tan real tan sensiblemente contada y nos hace sentir tan cercanos.

No tengo más que decir que wau. De hecho, creo que aun estoy en shock…

Un amor entre dos mundos



Upside down

Juan Solanas


Un mundo diferente y nuevo del que personalmente no había escuchado jamás. Dos planetas que son su cielo respectivamente, es decir, el cielo de “los de arriba” era el mundo de “los de abajo”, y al revés. Y no, no hablo de la barra brava del club santiaguino, así se nombraban los dos mundos que contaba la metáfora de la romántica historia de ciencia ficción.

“Los de arriba” eran los de buen vivir y “los de abajo”, los poco afortunados, donde vivía el desdichado Adam (un siempre chascón Jim Sturgess). A pesar de ser un niño huérfano, el poco tiempo que lo conocemos en el estado de niñez, no nos hace caer en esa compasión por el muchacho. Su tía, único familiar y apoyo es de hecho la culpable de que conozca a Eden (la actriz de los ojos inexpresivos, Kirsten Dunst), quien era residente del mundo de los más afortunados.

Un mundo bastante bien construido (perdón, dos mundos…) con imágenes de una belleza impresionante que mezcla muy buenas elecciones de luz con la ayuda de la ficción computarizada. Aunque al inicio cuesta acostumbrarse a las tomas con situaciones en la parte superior e inferior de la pantalla, es totalmente necesario para comprender como funcionan los mundos.

El amor imposible que evoca a diferentes historias, donde el mundo –los mundos- no permite que los enamorados puedan ser felices, no llega a ser completamente creíble por parte de los actores. Aunque si hay emoción, mas bien cuando él debe arrancar de un mundo al otro, o un momento que encontré bello y me emocionó (asumo la vergüenza al respecto) fue cuando ambos se abrazaban y las gravedades se anulaban y ambos flotaban estando enamorados ¡Qué romántico! ¡Literalmente sentirse flotando del amor!. Bello.

Tampoco se trata con tiempo el inicio del amorío. Todo se cuenta extremadamente rápido, como queriendo librarse del pasado de la historia para empezar a contar el presente del protagonista. Razón que no nos permite sentirnos cercanos ni conocer bien al curioso Adam, y menos aun a Eden, que tiene bastante poca acción en el transcurso de la historia, casi como las antiguas princesas que esperaban que el hombre hiciera todo el trabajo por llegar a sus brazos.

Quizá me hubiera gustado más el final triste, en que no terminan juntos, pero los escritores habrán encontrado importante reafirmar nuevamente que el amor rompe todo lo establecido. Sin embargo, me pareció que quisieron alargar el final para llegar al “final feliz”.

No puedo decir que esta película me dejó con ese sentimiento que suelo experimentar con las obras cinematográficas. Esa sensación de que todo es posible y que hay un poder en cada uno para lograr que sucedan las cosas que queremos. Mientras veía descender los nombres de los partícipes en la película, me sentí decepcionada por el trato poco suave y delicado que se le dio a la historia en general, teniendo imágenes tan bellas para poder aprovechar.

martes, 19 de febrero de 2013

El lado bueno de las cosas


Silver linings playbook 

David O. Russell 


Tengo la filosofía de que si una película no me hace llorar, no es buena. Y es difícil que una no me haga llorar, pero en realidad depende del día y de la fecha del mes en el que esté. Esta es la segunda vez que veo esta película , y al verla en el cine (si, hice trampa, la vi online primero) pude darme cuenta de por qué está nominada a mejor película este 2013. Cosa que entre los cortes de internet, el hambre, y las visitas de mis abuelos me hicieron tomar como una pérdida de tiempo la primera vista de este film.

Esta película se tilda de comedia romántica, pero es más bien una comedia dramática, más bien, un drama cómico, es más, no la tildaría de nada de eso, es un drama amistoso (inventé lo de amistoso, pero si el romance tiene su propio género, ¿por qué no la amistad?). Tiene toda la evolución de la amistad, hasta ese confuso final en el que los buenos momentos, los momentos de apoyo mutuo se confunden y la llevan al romance. Rareza numero uno. Pero perdonada totalmente por el espejo en el que se convirtió la pantalla del cine después de unos pocos minutos de haber comenzado.

Pat ( Bradley Cooper ) no es el único "loco" en su familia, es el único que tuvo un episodio que hizo a los otros sentirse inseguros. Tiffany ( Jennifer Lawrence) está pasando su viudez prematura de la mejor forma que puede, mientras se trata de encontrar a si misma. Y no son los únicos que parecen mal puestos sobre su mundo. El padre de Pat ( Robert de Niro ) es también un obsesivo en otros puntos. Es más, el quiebre amoroso que vive Pat, es un justificativo para su actuar, sin embargo la obsesión de su padre es un intento de manipulación de su familia ,con una superstición injustificada, que es lo único a lo que se puede se puede aferrar para sentir seguridad. Varias escenas nos muestran que los locos somos todos, y que todos tenemos nuestras heridas, nuestras obsesiones y nuestros ataques de rabie e histeria. Y todos los tenemos. Una de las escenas es explícita, mostrando a Pat en medio de un círculo, discutiendo con Tiffany , rodeados de personas disfrazadas mientras ellos parecen los únicos "normales" discutiendo.

La metáfora que me iluminó esta segunda vez que vi (y sentí) la película, fue la relación de Pat y Tiffany. Más allá del apoyo mutuo. Al terminar cualquier relación, hay diferentes estados, en este caso, Tiffany nos muestra el : Está muerto para mi. Y Pat la negación. Es imposible comenzar una relación si ambos están sumidos aún en sus etapas de término, y hubieran sido etapas eternas si no se hubieran conocido y no hubieran comenzado una terapia en la que nunca se dieron cuenta, estaban ayudando al otro. Sin esconder la obsesión por su ex, ni el sentirse perdida en el mundo, fueron ambos quienes se sanaron, y entonces limpiamente pudieron comenzar a amar.

Una de las escenas que me recordó a las tardes en los barrios chilenos, cuando la casa está llena, y todos hablan entre si, pero nadie se escucha, pero todos están juntos y se miran como si lo hicieran. Los secundarios clave para que sea una historia llevadera son tan exactos como perfectos. El psiquiatra indio, el vecino adolescente, el amigo de la clínica de Pat. Todos hablando en el momento correcto para que la locura diera paso al reflejo de nuestro propio mundo en el que ninguno es perfecto.

Si, ahora entiendo la postulación a mejor película. Entiendo que tenemos que mirarnos en los personajes que no son felices por cumplir su sueño de ser un cantante famoso, si no que tenemos que mirarnos en los personajes que llegan a esas pequeñas metas que nos proponemos cada uno. Esa meta de trotar los diez minutos y llegar sin haber parado.