martes, 26 de febrero de 2013

Un amor entre dos mundos



Upside down

Juan Solanas


Un mundo diferente y nuevo del que personalmente no había escuchado jamás. Dos planetas que son su cielo respectivamente, es decir, el cielo de “los de arriba” era el mundo de “los de abajo”, y al revés. Y no, no hablo de la barra brava del club santiaguino, así se nombraban los dos mundos que contaba la metáfora de la romántica historia de ciencia ficción.

“Los de arriba” eran los de buen vivir y “los de abajo”, los poco afortunados, donde vivía el desdichado Adam (un siempre chascón Jim Sturgess). A pesar de ser un niño huérfano, el poco tiempo que lo conocemos en el estado de niñez, no nos hace caer en esa compasión por el muchacho. Su tía, único familiar y apoyo es de hecho la culpable de que conozca a Eden (la actriz de los ojos inexpresivos, Kirsten Dunst), quien era residente del mundo de los más afortunados.

Un mundo bastante bien construido (perdón, dos mundos…) con imágenes de una belleza impresionante que mezcla muy buenas elecciones de luz con la ayuda de la ficción computarizada. Aunque al inicio cuesta acostumbrarse a las tomas con situaciones en la parte superior e inferior de la pantalla, es totalmente necesario para comprender como funcionan los mundos.

El amor imposible que evoca a diferentes historias, donde el mundo –los mundos- no permite que los enamorados puedan ser felices, no llega a ser completamente creíble por parte de los actores. Aunque si hay emoción, mas bien cuando él debe arrancar de un mundo al otro, o un momento que encontré bello y me emocionó (asumo la vergüenza al respecto) fue cuando ambos se abrazaban y las gravedades se anulaban y ambos flotaban estando enamorados ¡Qué romántico! ¡Literalmente sentirse flotando del amor!. Bello.

Tampoco se trata con tiempo el inicio del amorío. Todo se cuenta extremadamente rápido, como queriendo librarse del pasado de la historia para empezar a contar el presente del protagonista. Razón que no nos permite sentirnos cercanos ni conocer bien al curioso Adam, y menos aun a Eden, que tiene bastante poca acción en el transcurso de la historia, casi como las antiguas princesas que esperaban que el hombre hiciera todo el trabajo por llegar a sus brazos.

Quizá me hubiera gustado más el final triste, en que no terminan juntos, pero los escritores habrán encontrado importante reafirmar nuevamente que el amor rompe todo lo establecido. Sin embargo, me pareció que quisieron alargar el final para llegar al “final feliz”.

No puedo decir que esta película me dejó con ese sentimiento que suelo experimentar con las obras cinematográficas. Esa sensación de que todo es posible y que hay un poder en cada uno para lograr que sucedan las cosas que queremos. Mientras veía descender los nombres de los partícipes en la película, me sentí decepcionada por el trato poco suave y delicado que se le dio a la historia en general, teniendo imágenes tan bellas para poder aprovechar.

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